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Revista Arquine No.77 | Concreto

Verano 2016
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SCOB arquitectura y paisaje | Adamo-Faiden | SUMMARY | Fernanda Canales | Ambrosi | Etchegaray | Cecilia Puga | Smiljan Radic | Teodoro González de León + Antonio Rodríguez | Moneo Brock Studio | ARX Portugal | Foster + Partners

Conversaciones

Beatriz Colomina | Lake Verea | Escobedo Soliz | Iñaki Carnicero

Ensayos

Iñaki Bonillas | Juan Villoro | Hans Kabsch Vela + Raúl Monterroso | Iker Gil

El concreto devolvió a la arquitectura su sentido original. Sigfried Giedion destacó este nuevo material —que aúna varillas de fierro y cemento— como el artífice para escapar del academicismo de siglos. Si el acero y los elevadores llevaron a una nueva tipología, el concreto regresó la arquitectura a la construcción, ya que se atiene a la forma del molde y, como material, no genera un vocabulario por y para sí mismo.

Eugène Viollet-le-Duc —en el siglo XIX— había detectado que las nuevas formas de la arquitectura las definirían los nuevos materiales; en 1905 los hermanos Perret construyeron en París el primer edificio de concreto totalmente expuesto; Albert Kahn, en Estados Unidos, vio las virtudes ideales del concreto para satisfacer las exigencias fundamentales de la economía, la estandarización y la protección contra el fuego; Frank Lloyd Wright quedó fascinado ante las posibilidades de este material, dejando vistas las superficies del Templo Unitario en Oak Park; y Le Corbusier ideó el sistema Dom-ino para resolver la reconstrucción rápida de Flandes, arrasada durante la Primera Guerra Mundial, mientras que la separación de funciones entre estructura y cerramiento le permitió materializar algunos de sus principios —planta libre, fachada libre y azotea jardín—. Si los brutalistas —de Le Corbusier a Paul Rudolph y tantos otros después— exploraron la expresión plástica del concreto, y los ingenieros explotaron los potenciales de la resistencia estructural de concretos pre y postensados, Félix Candela, Santiago Calatrava o Zaha Hadid (por citar la estirpe más destacada), fundieron ambas disciplinas en la expresión de sus formas.

En este Arquine 77 publicamos obras contemporáneas que rescatan las virtudes y expresiones del concreto: desde el lirismo de la casa de Cecilia Puga, la Casa de Gobierno en Buenos Aires de Foster + Partners, o la parroquia de Moneo Brock en Monterrey, a la retícula abstracta del edificio de Ambrosi Etchegaray o las cajas básicas de las residencias de verano de Adamo-Faiden y el sistema portugués Gomos de prefabricados en túnel, hasta los precolados perfectos SCOB en el Port Vell de Barcelona que explotan el potencial del molde o el expresionismo de Teodoro González de León en la ampliación de El Colegio de México y los injertos en concreto de Smiljan Radic en la nave teatral de Santiago.


Concrete returned architecture to its original meaning. Siegfried Giedion drew people’s attention to this new material—which combines iron rods and cement—as a means to escape a long-held, rigidly academic approach to the discipline. If steel and elevators created a new typology, then concrete brought architecture back to being about actual building, since it can be shaped by a mold and, as a material, it doesn’t generate its own, self-referential vocabulary.

In the 19th century, Eugène Viollet-le-Duc observed that new forms of architecture would be defined by new materials; in 1905, the Perret brothers built in Paris the first building consisting of fully exposed concrete; Albert Kahn, in the United States, saw in concrete virtues ideal for meeting the fundamental demands of economy, standardization and fire-resistance; Frank Lloyd Wright marveled at the possibilities of this material, leaving the surfaces of the Unitary Temple in Oak Park exposed; and Le Corbusier devised the Dom-ino system for the rapid reconstruction of Flanders, following its devastation in the First World War, while his separation of functions between structure and enclosures enabled him to realize some of his principles—open-plan spaces, freestanding façades, garden roof-terraces. As the Brutalists (from Le Corbusier to Paul Rudolph and many after them) explored the plasticity of concrete, and the engineers made use of the structural potential of preand post-tensioned concretes, Félix Candela, Santiago Calatrava and Zaha Hadid (to name some leading exponents) merged both disciplines to express the forms they sought.

In this issue of Arquine we publish contemporary works of architecture that have revived the fortunes and expressions of concrete: from the lyricism of Cecilia Puga’s house, Foster + Partners’ City Hall in Buenos Aires, and Moneo Brock’s parish church in Monterrey, to the abstract and grid-like building produced by Ambrosi Etchegaray or the elegantly simple boxes of Adamo-Faiden’s summer residences; from the Portuguese Gomos system, with its prefabricated tunnel-like components, to the perfect pre-cast SCOB units at Port Vell in Barcelona that make the most of the potential of the mold, or the expressionism of Teodoro González de León in his extension for El Colegio de México, and Smiljan Radic’s concrete grafts in the theatrical warehouse space in Santiago.•