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Revista Arquine No.74 | Espacio de trabajo

Invierno 2015
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Espacio de trabajo | Workspace

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Buena parte de la humanidad pasa al menos una tercera parte de su vida en una fábrica, un taller o una oficina. Se trata de espacios que operan a distintos niveles: organizan las relaciones entre quienes los ocupan, procuran lograr mayor eficiencia en los modos de producción o simbolizan la eficacia y solidez de una compañía o empresa, con implicaciones tanto sociales como políticas.

Así, Josef K —de El proceso de Kafka— no era más que un insignificante oficinista de ese espacio agobiante que construyó Orson Welles en blanco y negro. La gran oficina formada por mesas y hombres grises, sin atributos, que como hormigas repetían eternamente la misma rutina, refleja el paradigma productivo de una sociedad alineada y rígida. Oficinas mejor diseñadas como la Johnson Wax de Frank Lloyd Wright no fueron más que una versión más iluminada y diáfana del mismo modelo, como expresión máxima de una tipología que cobra su mayor esplendor a mitad del pasado siglo. En buena medida, la oficina abierta e isomorfa supone la voluntad de acabar con las diferencias jerárquicas entre los trabajadores, al mismo tiempo que implica el sometimiento de todos a una mirada absoluta que potencialmente todo lo vigila.

Quizás el despacho y la oficina son lugares para despachar, oficiar, expedir o liquidar virtualmente, en abstracto, mientras que el taller, el laboratorio o la fábrica tengan componentes más físicos y manuales, pero todos éstos son espacios regulados por sus acciones. Aquellas grandes salas abiertas en blanco y negro de Welles —para seguir con ejemplos cinematográficos— o las del Lobo de Wall Street, evolucionaron en todo el mundo hacia los espacios personalizados de Mad Men, hasta los actuales playgrounds al estilo de Google, donde se propicia la creatividad y la singularidad, convirtiendo el dolor y el esfuerzo del castigo bíblico en ludotecas.

En este número 74 de Arquine se plantea revisar esos espacios en los que pasamos buena parte de nuestro tiempo y que, además, se presentan como una de las tipologías que más ha evolucionado y más se ha sofisticado en las últimas décadas, siendo uno de los orígenes más claros en la genealogía de la arquitectura moderna.


 

A large proportion of humankind spends at least a third of their lives in a factory, workshop or office. These are spaces that work on different levels: they organize the relations between their occupants, they seek greater efficiency in means of production or they symbolize the effectiveness and solidity of a company, with both social and political implications.

Thus, Josef K—of Kafka’s The Trial—was nothing more than a simple office clerk in that asphyxiating space constructed by Orson Welles in black and white. That massive office filled with tables and gray men without qualities working like ants, eternally following the same routine, reflects the paradigm of production in an ordered and rigid society. Offices with superior designs, such as Frank Lloyd Wright’s Johnson Wax building, were simply a better-lit and more transparent version of the same model, the maximum expression of a typology that reached its apogee in the middle of the last century. To a large extent, the open-plan and isomorphic office expresses a wish to do away with hierarchical differences between workers, at the same time as implying everyone’s subjection to an absolute gaze that potentially observes one and all.

Offices may be places for the virtual and abstract administering, managing and producing of documents, while the workshop, laboratory or factory may have more physical and manual aspects, but they are all spaces regulated by their actions. Those cavernous black and white open spaces of Welles, or—to continue with examples from the world of cinema—those in The Wolf of Wall Street, evolved everywhere into the personalized spaces of Mad Men, until today’s Google-style “playgrounds” which encourage creativity and uniqueness, converting the pain and work of Biblical punishment into games rooms.

In this 74th issue of Arquine we look at those spaces where we spend so much of our time and which, furthermore, are one of the typologies to have evolved most and to have grown in sophistication over recent decades, while being one of the clearest starting points for the genealogy of modern architecture.