Arquine 78 | Exhibir

Invierno 2016
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Proyectos

Mateo Riestra + José Arnaud-Bello + Max von Werz | Dellekamp Arquitectos + Andrés Palomino | Tadao Ando & Associates | BAROZZI / VEIGA | MX_SI architectural studio | Kengo Kuma & Associates | Toyo Ito & Associates, Architects | Snøhetta | OMA New York | Shohei Shigematsu | Herzog & de Meuron | Flores & Prats

Conversaciones

Gilles Lipovetsky | Daniel Garza Usabiaga | Jennifer Dunlop | Liz Diller | LANZA Atelier | PRODUCTORA | Mauricio Rocha + Gabriela Carrillo | Eduardo Abaroa

Dossier

Peio Aguirre | Daniel Díaz | Pedro Hernández Martínez

A partir de algunos ejemplos recientes de museos y galerías, se pretende reflexionar en este número 78 de Arquine sobre las condiciones que se imponen a la mirada en los espacios destinados a exhibir o mostrar el arte y viceversa: aquellas condiciones que ciertas maneras de observar le imponen tanto al espacio como a quienes lo ocupan.

“A lo largo de los últimos cincuenta años —mencionaba Hal Foster—, muchos artistas han introducido en la pintura, en la escultura y en el cine el espacio arquitectónico que los rodeaba, y durante ese mismo periodo muchos arquitectos se han involucrado en las artes visuales. […] Además, allí donde convergen el arte y la arquitectura, a menudo se generan también debates en torno a nuevos materiales, medios y tecnologías.”

Un recorrido por los espacios para exhibir arte no puede pasar por alto la Galleria Degli Uffizi como el paradigma del primer espacio para exponer; la casa de sir John Soane como el ámbito obsesivo del coleccionista; el Castelvecchio de Carlo Scarpa como la máxima expresión del diseño del artefacto entre el objeto y el espacio; las nuevas máquinas del arte pensadas para el cambio constante —del Centro Pompidou al Whitney— donde la tecnología desempeña un papel tanto estético como funcional; el minimalismo de Tadao Ando y las cajas neutras, hasta la sublimación del cubo blanco; los contenedores que retan al arte desde el espacio que generan, donde el arte constituye un punto de partida —del Guggenheim de Bilbao de Frank Gehry a la ampliación de la Tate Modern de Herzog & de Meuron; o el reciclaje como extracción para dialogar con la instalación artística, en el Palais de Tokio, de Lacaton & Vassal, o en la sala Beckett de Flores & Prats.

“No hay espacio arquitectónico sin algo que tenga lugar ahí: no hay espacio sin contenido”, apuntaba Bernard Tschumi a propósito de la dicotomía entre contenedor y contenido, donde la museografía quizá sea una forma de mediación entre el espacio existente y lo expuesto. Y los espacios para exhibir sean los lugares de encuentro entre creadores de contenido y diseñadores del contenedor para definir —como señala Liz Diller en estas páginas— la relación entre el espacio como tal y lo público.