10 noviembre, 2017

Rentar

por Christian Mendoza

 

Las discusiones recientes sobre la inmobiliaria y la vivienda parecieran circunscribirse al terreno de la economía. Se plantea si se tiene o no se tiene el dinero para un techo. Pero en torno al dinero giran otros aspectos más intangibles: en lo que respecta a la vivienda, el dinero es más bien una variable menor. El hecho de ser un trabajador con un sueldo estable no asegura la posibilidad de rentar una casa o un cuarto. Tener el dinero para aspirar a una forma de vivienda equivale a gestionar tu propia imagen, según una serie de códigos de lo que es aceptable para la mayoría de arrendatarios. Los estándares, como todos, son excluyentes. Si tienes menos de treinta años y percibes 15 mil pesos mensuales, lo que tendrás en tu contra es que eres “joven”, aún cuando logres demostrar un ingreso suficiente. Si eres un extranjero, aún cuando la empresa que te contrata se ponga a sí misma como garantía, los prejuicios se pondrán en tu contra (según la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, el 27% de personas no permitiría que en su casa vivan extranjeros). Si provienes de otro estado y buscas un lugar en la ciudad, por descarte no contarás con un aval. Y el abanico se abre: la preferencia sexual o el estado civil son también factores que resultan decisivos. Irónicamente, si los extranjeros o los jóvenes logran acceder a una casa, su sector demográfico representará la gentrificación de las zonas que habiten. Primero la discriminación, después el oportunismo económico que ve en esta ciudadanía una oportunidad para mayores inversiones.

Dada Room, empresa digital, ha sido una agente bastante activa que ha construido una vía para las rentas de cuartos en la Ciudad de México, Guadalajara, Toluca, Puebla y Querétaro. Lejos de celebrar su modelo startup de negocios, ¿de qué manera conciben a la ciudad y al cruce que esta representa con las vidas privadas de quienes rentan? “Soy de Francia, y como muchos extranjeros que llegan a la Ciudad de México, me topé con los requerimientos de las inmobiliarias, los cuales simplemente no pueden ser cumplidos por los foráneos. Algo tan sencillo como un aval no era una seguridad para mí, algo tan sencillo como firmar un contrato por un año tampoco se podía porque no sabía cuánto tiempo me iba a quedar en México. Me di cuenta que existían opciones y recordé la experiencia de compartir departamento que viví en Estados Unidos. Todavía existían los métodos tradicionales de pegar un papelito en la calle”, cuenta Antoine Perouze, CEO de Dada Room. “Mis ahora socios mexicanos vienen de la república hermana de Satélite. Estábamos en un momento en el que éramos recién egresados, tenías tu primer empleo en la Nápoles, en Polanco, y nos dimos cuenta que con un sueldo de recién egresado no había ninguna forma de rentar algo para ti solo en la ciudad, así que vimos que compartir departamento era la mejor opción. Aunque hace cinco años, cuando arrancamos en México, la única forma de conectarte con potenciales roomies era a través de amigos y de amigos de amigos. No había ninguna plataforma que aprovechara el poder de escala del Internet. Ahí se multiplican los encuentros”, puntualizó. Pero aún cuando un estudiante o un recién egresado pueda tener un contrato de vivienda a su nombre, seguramente tendrá que poner una habitación en renta. “No es una tendencia local, es una tendencia global. En una década ha aumentado de tres a cuatro veces el precio de la vivienda en renta en todas las grandes ciudades. Y es un aumento que se acelera cuatro veces más rápido que los sueldos, en especial el de los jóvenes. Atrás hay muchos factores: nuestra economía que descuida a los jóvenes que entran en el mundo laboral, multiplicando los periodos de becario o poniendo dificultades para contratar. Hace 20 o 30 años, tu primer trabajo era también tu último trabajo, porque te ibas a quedar toda tu vida laborando ahí y desde el primer año contabas con una seguridad del empleo que ya no existe hoy para muchos”.

Según Perouze, la vivienda actual también es sinónimo de un cambio de paradigma en los modelos familiares normativos. “Creo que también otra tendencia fuerte es sociodemográfica. El mercado de bienes raíces viene con aspiraciones muy diferentes a las de tus padres. Mis socios son de Satélite porque sus papás creyeron en el sueño sateluco: a los 23 años endeudarte para comprar una casa afuera de la ciudad, invertir tus ahorros, casarte temprano y tener hijos. La generación millenial es una que privilegia la calidad de vida sobre la propiedad y tiene mucho menos problemas con la renta. Lo ves en las discusiones de la familia mexicana: “¡ya llevas siete años rentando, estás tirando tu dinero, a tu edad ya había comprado!” Pero, primero, no puedes comprar porque los bancos no prestan bien y, segundo, estamos buscando otras cosas. Los jóvenes quieren vivir en los centros de las ciudades. Tenemos muy poca demanda de millenials que quieran vivir en Satélite o en la salida a Cuernavaca. En esas zonas las habitaciones son más baratas porque es un público más estudiantil. Tienes la FES Acatlán, tienes el Tecnológico de Monterrey, tienes la UVM. Pero el perfil del usuario de Dada Room y de la gente que comparte depa, aún cuando tiene estudiantes foráneos que se vinieron a vivir al DF, en su mayoría son jóvenes profesionistas. El promedio de edad es 27 años y eso te dice que ya están en su primer o segundo empleo. Tal vez podría pagar algo por sí solo no en una delegación como la Cuauhtémoc o la Miguel Hidalgo pero sí en algo un poco más alejado de la ciudad central, pero privilegia vivir cerca de su trabajo, poder irse en bicicleta y evitarse el transporte público diario. El otro fenómeno es que permanecemos solteros y sin hijos más tiempo que las generaciones previas y eso crea también una nueva etapa en la vida que no tiene nada que ver con el modelo tradicional, que era quedarte en casa de tus papás hasta casarte, porque te casabas a los 22. Hoy hay gente que se casa hasta los 30 años y es un momento extraño de la vida. Previamente ya fuiste un adulto con sueldo, pero no eres padre o madre de familia. Vivir con roomates se convierte en una etapa hacia la vida adulta tradicional como la sociedad la conoce”.

Lo que permite Dada Room es describirte a través de iconos visuales. Puedes definir tu sexualidad, tus hábitos de consumo o tu estilo de vida. Esto es una suerte de renovación del anuncio tradicional. “Cuando abrimos la plataforma, pensamos que al momento de compartir depa sí importa mucho la ubicación, la renta o si está amueblado, pero importa aún más la gente con la que vas a compartir que el pago de la renta. Pensamos y diseñamos la plataforma como una mezcla de sitios tradicionales de bienes raíces, retomando el caso de éxito que es Airbnb, con componentes de aplicaciones de dating, como Tinder, para tener una plataforma que sí te ayuda a encontrar una habitación que corresponda a tu búsqueda y también a generar encuentros que permitan que tu estancia funcione. Al final, Dada Room, más que medir qué tanta gente encontró cuartos plantea como métrica cuántos encuentros se establecen. Creemos que lo bonito que hacemos está en que un chico de Hermosillo que llega por primera vez a la ciudad, hace 20 años se hubiera quedado en casa de una tía o de un amigo o de otros chicos de Hermosillo, y gracias a una plataforma como la nuestra va a poder compartir departamento con un chico que creció en Tepito. Somos al final una plataforma de encuentros más que de bienes raíces”.

Generar experiencias es una característica de los nuevos mercados: productos que buscan ser algo más. Por ello, en Dada Room, los que buscan como los que ofrecen gestionan su propia imagen: no sólo te ofrecen una habitación sino también una manera de convivencia. Los extremos son diversos. Hay quien demanda que sus inquilinos no estén en el cuarto los fines de semana, o quien busca a personas de su mismo status económico. “Eso es bastante nuevo en México. Es una plataforma en la que la gente tiene que transmitir una imagen, una foto o una descripción. Se convierte en un Instagram o un Facebook donde puedes construir una imagen un poco idealizada. Pero en una cultura como la gringa, cuando buscas roomate, siempre se tiene en cuenta que los encuentros en esa etapa de tu vida son también palancas para tu crecimiento personal y profesional. Cuando me gradué, antes de llegar a México, viví un poco en Estados Unidos y la gente que hace entrevistas para candidatos que pudieran rentar un cuarto las hacían casi como un casting de televisión. Te podían llegar a decir cosas como ‘todos trabajamos en cine y buscamos únicamente gente creativa que también trabaje en cine, todos somos bailarines y buscamos gente que se dedique a lo mismo’. En Estados Unidos se tiene muy claro que la gente con la que vas a compartir departamento también pueden ser tu propio networking. Y eso es algo que buscamos empujar en México tomando en cuenta que vivir con alguien es difícil, aunque vivir con roomies es más sencillo que vivir con tu pareja, porque si te separas no tienes que firmar un divorcio”.

Esta forma de concebir el espacio doméstico es el anverso de una forma de ciudad contemporánea. “Dada Room no construye por su cuenta una imagen de la ciudad. Somos un potenciador o un amplificador de fenómenos urbanos. La gentrificación en colonias como la Doctores o la San Rafael existe fuera de Dada Room. Nosotros lo llevamos a otro nivel, acelerando el proceso de movilidad dentro de la ciudad. Cada año, cuando vemos los barrios que están subiendo los anuncios, nos damos cuenta que estamos dos o tres pasos delante de las desarrolladoras. Los chavos que van a impulsar la gentrificación (dejando de lado el Centro Histórico, caso que tuvo que ver más con lo institucional y la iniciativa privada) son nuestro perfil de usuario. Vivir en la Doctores da miedo, es una percepción de hace años. Pero cuando te planteas vivir en la ciudad y te das cuenta que hay cincuenta anuncios en las primeras cuadras de la Doctores, también te das cuenta que algo está pasando ahí. Eso es el efecto potenciador: dar visibilidad a otros barrios que también tienen un rol sobre lo urbano y sobre percepciones de la ciudad. Tampoco somos responsables de eso, pero lo atractivo de la ciudad es que atrae jóvenes. Berlín se convirtió en esa ciudad en los noventa porque las rentas eran mucho más accesibles. Ese público creativo, freelancer, buscaban ese tipo de rentas. Plataformas como Dada Room permite mantener a la ciudad bastante accesible y ofrecer soluciones a foráneos”.

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