21 diciembre, 2016

¿Qué pasa en CDMX?

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

Algo está pasando en la Ciudad de México”. Al menos así lo aseguró un tuit de Héctor López donde apuntaba la coincidencia en el mismo día de los recientes encuentros del CoRe Foro Urbano 2016 —que tenía la presencia de Jan Gehl como figura destacada— y la charla que ofrecieron Fonna Forman y Teddy Cruz en el Laboratorio de la Ciudad. A ello hay que sumar, además, la realización de Open Labs en la Biblioteca Vasconcelos con la propuesta Ciudades que aprenden, los recientes Cumbre Infonavit, el 4º Encuentro de Gobierno Abierto, el Mayors Summit y los debates públicos que propició la propuesta del Corredor Chapultepec —y su respuesta Así no—, las columnas verdes del periférico, las plusvalías inmobiliarias o la nueva Constitución de la CDMX, no podemos sino reafirmar lo dicho: algo pasa con la Ciudad de México en 2016, pero: ¿qué exactamente?

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La ciudad es un ente complejo, con múltiples capas y lecturas que no puede ser reducida ni dejada tan sólo a la mano de planificadores y políticos, sino a través de una visión coordinada que atienda tanto a retos específicos —movilidad, acceso a los servicios básicos o a una infraestructura adecuada, la posibilidad de vivir en una vivienda digna— como globales —cambio climático, efectos medioambientales, migraciones, etc. Bien sabemos que la ciudad representa el reto del siglo XXI, con un crecimiento exponencial, pronto será el lugar de residencia de una gran parte de la población mundial. En el caso específico del antiguo Distrito Federal —hoy CDMX— hay que sumar su tamaño, la mala gestión de recursos como el agua durante varias décadas y la desigualdad, que atestiguan las dificultades de acción de una burocracia política que, en paralelo a como sucede en todo el mundo, parece a vista de algunos de sus ciudadanos, desnorteada.

En un momento en el que las redes sociales se han convertido en un megáfono tanto para la propaganda como para la queja continua, los debates acaban por diluirse en diversas nimiedades que, si bien también son importantes, reducen la visibilidad de otros problemas prioritarios al tiempo que dan gala de visiones cortoplacistas, tanto por parte de quien las promueve como de quien las reclama. Algo normal cuando los únicos gestos que se ven sobre la ciudad se reducen a la reparación de banquetas repitiendo errores que ya estaban e incorporando otros nuevos; en resumen, unas actuaciones que, tal y como apuntaban Alejandro Hernández Gálvez y Luciano Concheiro en un reciente programa de La Hora Arquine, no pueden sino definirse como una “arquitectura del parche”: improvisada, corta de miras y sin mayor pretensión que salir bien en las fotos y resistir al menos un sexenio.

Viendo el lado optimista, es de celebrar entonces la aparición de tantos escenarios donde se debata qué queremos para la ciudad al mismo tiempo en los que se discutan sus futuros, estrategias, intereses y agendas necesarias desde la acción combinada grupos ciudadanos, instituciones, universidades y fundaciones privadas, incorporando diversos frentes políticos. Así, la función de estos encuentros, más que aportar soluciones concretas, es la de ofrecer y crear espacios para un diálogo incluyente. Ese es el gran reto, la inclusión de todos los agentes afectados: todos los ciudadanos, incluso de aquellos que no se preocupan por la ciudad, aunque algunos vean el peligro de caer en la “[maldita] vecinocracia”.

Los tiempos rápidos, decía, apuntan a una urgencia de pensar, de entender en qué momento estamos y hacia donde debieran ir encaminados los esfuerzos. ¿Será una compensación por tantos años de políticas dirigidas a actuar sin pensar? Parece necesario para llevar más allá los hechos de la mencionada “arquitectura del parche” y destinar los esfuerzos a establecer una visión integral, compleja y global de lo que significa actuar sobre y por la ciudad.

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