30 marzo, 2015

Pani y la vivienda colectiva

por Miquel Adrià | @miqadria

La concepción urbana preconizada por Le Corbusier en la Ciudad Radiante hizo mella en Mario Pani. “La segunda propuesta urbanística teórica del arquitecto franco-suizo después de la Villa Contemporaine de 1922, abandonaba el esquema de centro y periferia para organizarse a partir de un eje vertebrador que unía la cabeza –la ciudad de los negocios- con las manos –la industria-, dejando a ambos lados del mencionado eje los sectores residenciales organizados en bloques a redent –zigzag o greca-, dispuestos sobre un continuo paisaje verde y dotados de los equipamientos necesarios”. Pani comparte el entusiasmo y comprende las virtudes del modelo para densificar la ciudad de México y el impacto formal de dicha transformación. Él mismo recordaba que “desde hacía mucho tiempo me preocupaba esta idea de la arquitectura habitacional. El origen del asunto es la teoría de Le Corbusier sobre la Ciudad Radiante, es decir, edificios de gran altura que permitan liberar espacios para dejarlos verdes, con los servicios que requieran en planta baja. Por cierto que esta idea no se había realidad nunca, pues en el mismo momento que a mi se me ocurrió hacer el primero, el Multifamiliar Miguel Aleman, Le Corbusier estaba haciendo la Unidad de Marsella, que era un edificio de tan sólo trescientos departamentos, pero se acabó después de que yo terminara el conjunto de aproximadamente mil viviendas”.

Pani fue un tenaz promotor capaz de transmitir su pasión por las ideas y las formas que imaginaba a los inversionistas, a las autoridades y a sus colaboradores. Sin embargo, desde su posición despolitizada, mantuvo distancia con los colegas “socialistas” mexicanos que veían en el proyecto moderno de ciudad un instrumento para cambiar la sociedad. De no ser por su carácter convincente y apasionado, los proyectos de vivienda colectiva –el primer multifamiliar, el primer condominio- que transformaron la ciudad de México, batiendo récords, modificando reglamentos o cambiando leyes, no habrían pasado del restirador.

El Multifamiliar Presidentes Miguel Aléman (1948) nació como respuesta enardecida a un concurso de ideas convocado en 1946 por el director de Pensiones Civiles, José de Jesus de LiMA, para un conjunto de doscientas casas destinadas  a funcionarios del Estado. La ocasión estaba servida. Pani propuso el modelo corbusiano de bloques en altura (compuestos en zigzag como en las fotos de maqueta de la Villa Radiante) ocupando sólo el 20% del terreno sobre Avenidad Coyoacán, aumentando la densidad a 1,000 habitantes por hectárea y liberando el espacio común para áreas verdes y servicios. La propuesta era tan tentadora como inusual para el cliente. “ En un momento de audacia entusiasta, el arquitecto Pani pidió que le concedieran un plazo de quince días para presentar un proyecto detallado con su presupuesto correspondiente”.

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Así convenció también a sus colaboradores para desarrollar el proyecto arquitectónico en pocas semanas –trabajando en tres turnos las veinticuatro horas- y contagió a un grupo de jóvenes ingenieros emprendedores para que asumieran el riesgo de cotizar y construir a menos precio del estipulado, constituyendo la empresa ICA (Ingenieros Civiles Asociados), que se convertiría en la más importante  del país. El resultado fue un conjunto de nueve edificios de trece pisos y seis de tres. Los primeros se ligan en zigzag siguiendo una de las diagonales del terreno y los más bajos están aislados sobre los frentes de calle más cortas. El conjunto se orienta norte-sur permitiendo que casi la totalidad de las habitaciones disfruten de vistas a oriente-poniente. Los edificios de liga se orientan al sur. Toda la supermanzana pasa a ser peatonal y los automóviles se estacionan en el perímetro. La plantas bajas están destinadas a comercio y a pórticos de circulación y los departamentos son de dos niveles teniendo en el de acceso la cocina y el comedor y en el otro –subiendo o bajando- las recámaras y el baño. Los pasillos de circulación se reducen a uno por cada tres pisos.

Si bien las críticas de la época lo asociaron a “un campo de concentración”  y no fue tarea fácil que los funcionarios ocuparan las viviendas, “la adecuada ventilación, el asoleamiento constante, así como el diseño de departamentos en dos niveles para evitar la monotonía espacial y materiales constructivos de recia apariencia, que combinaba el concreto expuesto con ladrillo de barro”, acabaron por ser un éxito social y un hito del desarrollo de la ciudad.

Comparando este proyecto con la Unidad de Habitación de Marsella que Le Corbusier estaba construyendo en las mismas fechas, Pani recordaba que “nuestro proyecto tenía la gran ventaja de que las circulaciones eran al aire libre, como puentes, mientras que las de Le Corbusier eran pasillos internos”. El arquitecto proyectó además oficinas para la administración, escuela para 600 alumnos, guardería, lavandería con máquinas automáticas individuales y cámaras de secado, dispensario médico, casino, salón de actos, canchas deportivas y una alberca semiolímpica.

Dos años después, tanto la Dirección de Pensiones Civiles y Retiro como Mario Pani consideraban el Multifamiliar Miguel Alemán un experimento exitoso que podía superarse. Así en 1950 se inició el proyecto del Centro Urbano Presidente Juárez, con mayor presupuesto, mucha más extensión, más variantes tipológicas y menos agresividad formal. Una supermanzana de veinticinco hectáreas albergaría una población similar al multifamiliar anterior, donde antes existían un estadio y un centro deportivo. Si el primero ofrecía cuatro tipos de vivienda, el Juárez tenía doce, agrupados en distintos edificios. “Tal característica es opuesta a la sustentada por Le Corbusier en Marsella”, según reza la memoria del proyecto, “donde en un solo edificio coloca el mayor número de diferentes tipos de departamentos”. En este multifamiliar, pues, los departamentos más pequeños conforman los edificios más altos, y los grandes, destinados a familiar numerosas, estás más próximos a la tierra. También se mejoraran las orientaciones, ya que en el Multifamiliar Alemán, los bloques de liga proyectaban notables sobras sobre sus perpendiculares, por lo que aquí, en los edificios bajos las viviendas tienen doble orientación y en los altos se abren a oriente o a poniente con los pasillos de circulación hacia el norte.Este Multifamiliar, que nació con la intención de mejorar la primera experiencia, doblando el presupuesto de construcción por metro cuadrado y con sofisticados estudios estructurales y de cimentación, fue gravemente afectado por el temblor de 1985 y sería demolido a consecuencia del mismo.

La Unidad Nonoalco-Tlatelolco representa para varias generaciones de arquitectos y críticos mexicanos un “crimen de la modernidad”, sin arraigo territorial ni cohesión social, que muestra “la decadencia de los buenos principios asumidos para el diseño urbano y habitacional esgrimido por el propio Pani en sus primeros multifamiliares”. Sin embargo, este macro- conjunto habitacional es la utopía hecha realidad del Movimiento Moderno, el sueño construido que apuntaba Le Corbusier en el Plan Voisin (1925), donde propugnaba una tabula rasa radical en la ribera derecha de París como única solución al hacinamiento urbano.

La puesta en escena del proyecto urbano de la modernidad llegó algo tarde a México, cuando algunos sectores de la arquitectura internacional empezaban a ver con desconfianza el optimismo acrítico e insensible de los postulados modernos. Así, desde 1957, el grupo Team X, formado, entre otros, por Robert y Alison Smithson en Gran Bretaña, Aldo van Eyck en Holanda  o José Antonio Coderch en España, proponía actitudes dialogantes con las ciudades decimonónicas y con los trazados históricos, evitando la monotonía y el autismo de los nuevos paisajes construidos.

En 1964, Mario Pani y su Taller de Urbanismo realizaron un exhaustivo estudio para erradicar la “herradura de tugurios” que, según ellos, impedía la sana expansión de la capital. La zona de vecindades analizada tenía una densidad de 500 habitantes por hectárea en un solo nivel, sin servicios y un “hacinamiento terrible”. La propuesta de Pani ofrecía 1,000 habitantes por hectárea, con 75% de zona verde y todos los servicios integrados en los edificios, invirtiendo la proporción de llenos y vacíos. El conjunto se dividió en tres macro-manzanas separadas por los ejes norte-sur existentes, dando continuidad al trazado urbano. No obstante, se podía recorrer peatonalmente todo el conjunto desde la Plaza de las Tres Culturas, pasando por el Paseo de la Reforma, y llegar hasta Insurgentes a través de dos kilómetros de jardines arbolados sin cruzarse con vehículos. Planeado para 15,000 viviendas, distribuidas en edificios multifamiliares de distintas alturas, Nonoalco-Tlatelolco representaba una propuesta de alta densidad, con carácter ejemplar, donde de aplicaron los postulados modernos que Pani supo hacer suyos. Sus recetas para combatir los achaques urbanos debidos, casi siempre, al crecimiento acelerado, proponían crear ciudades “dentro” y “fuera” de la ciudad. Si ésta la llevaría a cabo con Ciudad Satélite, Tlatelolco fue la oportunidad para aplicar la gran escala una cirugía radical dentro de la ciudad existente, aprovechando los ensayos de los multifamiliares Presidente Alemán y Presidente Juárez.

Así, el trazado del conjunto estará dibujado por la composición ortogonal de tres tipos de edificios que corresponden a tres tipologías de vivienda. Los edificios bajos, de cuatro niveles sin elevador, convierten a las escaleras -sin descansos- en dinámicos conectores que dan acceso a dos departamentos cada medio piso.  Este hábil recurso de la selección queda expuesto en las dinámicas fachadas laterales. Los departamentos son de dos recámaras y un baño. Los bloques de ocho pisos, son perpendiculares a los anteriores y repiten el esquema del multifamiliar Juárez con circulación a norte y fachada sur. Su sección también muestra como eficientar las escaleras accediendo a los medios niveles. Estos departamentos son de tres recámaras con baño y medio. Los bloques más altos son de 14 pisos, con los comercios en sus niveles inferiores, ubicados equidistante y estratégicamente a fin de acortar las distancias desde cualquier edificio del conjunto a los locales comerciales.

Si un extremo del inmenso conjunto está definido por la Plaza de Las Tres Culturas, su opuesto es una afiliada flecha de sección triangular, conocida como Torre Banobras. El proyecto fue severamente criticado por sus dimensiones, falta de estética y destrucción de los vestigios históricos. Sin embargo, el sincretismo de la macro-plaza salvaguarda algunos vestigios del pasado prehispánico y colonial, incorporándolos a los espacios representativos de la modernidad de bloques abstractos y a la dureza cacofónica de las fachadas en blanco y negro.

En la Plaza de las Tres Culturas, un día de octubre de 1968, se rompió el hilo que articuló la historia de México. Una matanza indiscriminada acabó con las manifestaciones del descontento popular. Paradójicamente, y quizá no sea casual, sucedió en la nueva colonia de Tlatelolco, proyectada por Mario Pani. Si este conjunto para 100,000 habitantes era el paradigma  de la modernidad acrítica de altos bloques lineales, iguales a tantos de las periferias metropolitanas del planeta, sería también el parteaguas de la arquitectura mexicana y el principio del declive de la brillante y espectacular carrera profesional de Mario Pani. La belleza metafísica de este paisaje artificial se convertiría en un tabú, cargado de doble significado, que celebra la pérdida de libertades y la defunción de la modernidad.

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*Texto publicado en Arquine No.35 | La caja | Mario Pani y la vivienda colectiva

*Miquel Adrià participará el jueves 13 de junio como parte de la fila cero en Arquine Jams No.6 | Vivienda social, un debate abierto sobre la vivienda colectiva y de interés social, con el fin de revisar las claves que permitirán la evolución y el relevo de los modelos de vivienda colectiva conocidos.

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