22 agosto, 2017

Las fronteras del campo. Conversación con James Corner

por Eduardo Cadaval

Este texto se publicó en el número 40 de la Revista Arquine, verano del 2007 | #Arquine20Años

 

James Corner es una de las figuras más influyentes del paisajismo contemporáneo; por la envergadura, el lenguaje y la visión de sus proyectos, y por haber generado una nueva línea de pensamiento en la disciplina. Sus aportaciones resultan inseparables de su docencia en la Escuela de Paisaje y Urbanismo de la Universidad de Pennsylvania y de su trabajo como director de Field Operations, oficina de paisajismo y urbanismo con sede en Nueva York.

Con proyectos en Estados Unidos, Asia y América Latina, y colabora con arquitectos de renombre como Foster, Piano y Eiseman, por citar algunos. Entre sus proyectos destacan la transformación del antiguo basural de Nueva York en parque metropolitano y el Highline, antigua vía de tren elevada, convertida en espacio público en el Lower West Side de Manhattan.

Publicamos un fragmento de una conversación, iniciada en Barcelona y finalizada en Nueva York, en la que se exploran asuntos neurálgicos sobre el potencial de una disciplina clave para valorizar el territorio y la ciudad.

 

– ¿Cuál sería una definición contemporánea de paisaje? 

La palabra paisaje es extremadamente compleja y abarca muchos estratos de significado. En su raíz está la noción de que el paisaje es cultural –no natural (si bien la naturaleza está fuertemente implicada) ni neutral (si bien a menudo se muestra benigna y suave). El paisaje es, en esencia, una forma de ver, encuadrar e imaginar, lo cual es inevitablemente estético e ideológico. Éstas son, sin duda, las bases de la palabra holandesa del siglo XVII “landshap” y, luego, del antiguo inglés “landskip” –el paisaje como pintura, sustentada e inspirada por la pintura. Pero el paisaje también es una forma de relacionarse con la tierra; no es algo meramente óptico o formal. El término alemán del siglo XVI “Landschaft” describía un medio en el que forma, función y valores sociales eran inseparables de la configuración de la tierra y del asentamiento.

A mi juicio, en la actualidad, el paisaje es una representación de una relación de la cultura con un lugar, un suelo, un entorno, un horizonte, un cielo y el paso del tiempo. En cuanto tal, el paisaje puede configurarse tanto a través del discurso, del texto y de la imagen, así como ser reconstruido físicamente a  través del diseño. Por lo tanto, lo que sería significativamente pertinente respecto al paisaje no es sólo una práctica formal o técnica, sino también un arte representacional –un arte de construir experiencias alternativas o modalidades alternativas de ser o de relacionarse. En consecuencia, existe un vínculo recíproco entre construir imágenes e imaginar de cara a una producción continua de paisajes.

 

¿Cuál sería entonces el significado de arquitectura de paisaje?

La arquitectura de paisaje es la conformación física de las relaciones de la gente con el espacio y el ambiente. Los ejemplos físicos poderosos de arquitectura de paisaje, literalmente, te sacuden y reajustan tu modo completo de ver, pensar y experimentar. Una de las dificultades del medio paisajístico, sin embargo, es su rápida naturalización, enmascarando el artificio y la construcción.

Si Walter Benjamin describió alguna vez la arquitectura como el “arte de la experiencia estética para una colectividad distraída”, multipliquemos esto por diez para el paisaje, visto a menudo de reojo, como fondo o escenario natural. Y, sin embargo, al mismo tiempo, la gente siente emociones profundas y poderosas ante el paisaje; sólo que se digieren lentamente, acumulándose en el tiempo. Una de las dificultades de la arquitectura de paisaje es producir una obra que desorienta y vuelve a enmarcar la experiencia mediante la lentitud, la distracción y otros incrementos sobrepuestos de recepción.

La arquitectura de paisaje está ganando cada vez más credibilidad por el sentimiento de urgencia que rodea a la ecología y al medio ambiente. Este interés, combinado con el surgimiento de enormes sitios post-industriales que exigen técnicas paisajísticas innovadoras de reclamo, ha permitido que el campo profesional encuentre vitalidad y nuevos roles significativos. La arquitectura de paisaje se ha vuelto hoy muy interesante porque parece pertinente en relación a temas actuales, planteando nuevas técnicas de cultivo, administración y ecología, y creando formas totalmente nuevas de ambientes y espacios. Y a gran escala.

 

En época reciente se estableció una dicotomía entre “natural” y “artificial”. Tú has propuesto una definición que desdibuja la frontera entre esos dos términos. ¿Podrías desarrollar este concepto?

Creo que es muy difícil seguir separando “naturaleza” y “cultura”, o lo “natural” de lo “artificial.” Los humanos somos parte de la “naturaleza” y ésta es una idea cultural. Ahora los humanos están “criando” nuevas formas de emplear procesos naturales y sintéticos (incluso virtuales), a veces derivando y mezclando esos procesos hasta el punto de que ya no pueden llamarse naturales. Por lo tanto, es importante comprender cómo los humanos, simplemente, son agentes en un mundo de cambios más amplio. También los paisajes tienen la capacidad de mutar hacia nuevas formas y especies, hacia nuevos géneros y nuevas estructuras. Es aquí donde resulta  clave el diseño, entendido como práctica material –recurriendo a la geometría, a la ecología y al programa, como amalgamas o complejos estratificados generadores de novedad– que genera, literalmente, nuevas naturalezas, nuevas culturas.

 

¿Cómo definirías el término “ciudad”? ¿Qué papel crees que debería jugar el espacio público en la configuración del entorno urbano? 

Para mí, la ciudad es un paisaje –un paisaje casi puramente geológico de masa y de corredores entretejidos, y una ecología evolutiva de sistemas, flujos e interacciones. En este sentido, la ciudad, similar a un bosque, es un ensamblaje maquinal que crece y cambia en continuación. Pero es también, básicamente, un fenómeno horizontal, como una mesa o un plano. Y, como todos los planos, es el formato básico para organizar y establecer relaciones. Las ciudades son complejos organizativos, de estructura e interactividad, sorprendentes.

Me preguntas por los espacios públicos en este contexto y, sí, claro, los espacios públicos son los conductos y habitaciones principales para la participación colectiva en el tejido de la ciudad. Una ciudad sin espacios públicos variados y excitantes sería poco más que un tejido automatizado de células individuales y vidas privadas. El reto hoy es mantener el espacio público como parte integral de la estructura misma y del uso de la ciudad −evitando la comercialización, la vigilancia y la normalización estereotipada.

 

La arquitectura de paisaje ha sido reconocida como una de las herramientas más poderosas para potenciar el desarrollo urbano. ¿Cuál es, a tu juicio, el rol potencial del paisajismo en la construcción de la ciudad?

Similar a un tejido que sostiene el movimiento, el acontecimiento, el programa y el cambio. En este sentido, los paisajes son útiles para entender la ciudad, porque esencialmente sostienen: nunca están terminados en sí ni son objetos de atención. En cambio, son obras fundamentales, los Koolhaas denomina “campos de potencial” y que permiten, sostienen y generan nuevas condiciones. Entendido así, el urbanismo paisajístico es un arte temporal, un arte que cultiva potencialidades, un arte de construir que empieza pero nunca termina. El paisaje se vuelve de veras interesante cuando es entendido ecológica, operativa y culturalmente.

 

Tu práctica ha logrado que el papel del arquitecto paisajista pase de ser asesor de un despacho de arquitectura a diseñador principal de proyectos a gran escala. ¿Qué cambia cuando se privilegian las estrategias paisajísticas por encima de los objetos arquitectónicos?

Las propuestas de Field Operations parecen funcionar porque dan cuenta de la complejidad de los proyectos específicos. En otras palabras, al no limitar nuestro ejercicio a medios materiales particulares, y al evitar cualquier predisposición a la forma o el estilo, quedamos libres de atacar un proyecto de manera integral. Podemos abarcar tanto asuntos programáticos, económicos o técnicos como detenernos en los aspectos geométricos o materiales del diseño. Esta visión inclusiva nos permite sintetizar todos los temas centrales de cualquier proyecto en un diseño inteligente que responda a múltiples factores. El diseño no es sólo formal o representativo, sino que está más orientado al desempeño y es específico respecto a los rasgos del proyecto. En consecuencia, vemos infraestructuras, espacios abiertos, edificios, programas y operaciones como un campo sintético.

Me preguntas qué tipo de ciudad puede construir la arquitectura de paisaje y respondo que estas formas son ilimitadas y múltiples, por las circunstancias específicas que rodean a cada proyecto y que siempre son radicalmente diferentes. Puedo responder, en términos muy generales, que esas ciudades serán más campos que objetos, más múltiples que singulares, más conectadas que separadas, más sueltas que fijas y más híbridas que puras.

 

Los parques y los espacios públicos representan una parte significativa de tu obra. ¿Cómo debería configurarse el parque contemporáneo?

Los parques son espacios fantásticos. A menudo son grandes, fuera de lo cotidiano, y proporcionan un poderoso contraste al bullicio y a la rutina de la ciudad. Sin embargo, la capacidad de hacer mucho más en términos de áreas verdes, ecología y programas del espacio público en la ciudad contemporánea es mucho mayor de lo que creemos. Hay muchas otras maneras de trabajar el medio paisajístico, creando espacios inusuales, emociones surreales y nuevas condiciones sociales y ecológicas. En tanto las ciudades se densifican, la población crece y aumenta la presión sobre los recursos; los parques urbanos y los espacios abiertos se volverán más importantes, no sólo como áreas verdes para el descanso sino como máquinas ecológicas, condensadores sociales e incluso detonadores económicos, creando identidades únicas y valores.

 

Eres un joven profesional que ya ha construido obras importantes en todo el mundo. ¿Cómo ves el futuro?

Veo el futuro como se debería mirar un campo de cultivo. Un año, la cosecha es especialmente buena; al otro podría ser un desastre. Para tener éxito, hay que cultivar el campo continuamente, ponerlo al día, adaptarlo y programarlo. Esto requiere una cantidad de energía y compromiso fuera de lo común, y no se puede predecir con demasiada anticipación. En cambio, uno tiene que actuar rápidamente, respondiendo a condiciones cambiantes. Como el campo agrícola, el paisaje, en un sentido amplio, no es estático ni está dado: debe producir y esa producción es lo que tratamos de hacer en nuestra oficina con un diseño innovador. El futuro del campo es muy prometedor dada la demanda de nuevos enfoques del paisaje a causa del crecimiento poblacional, la presión sobre los recursos naturales, el crecimiento urbano desordenado y la demanda de nuevos estilos de vida.

Al respecto, la ecología se ha convertido en un tema de enorme relevancia −más que por su ideología ‘naturista’, por cómo construye el mundo− como un medio dinámico, compuesto por muchas partes y procesos que interactúan entre sí. Los desafíos radicarán en la efectividad con que explotarán u ampliarán los principios ecológicos para crear nuevas formas de espacio. Otro desafío será la necesaria deconstrucción de las tradicionales fronteras disciplinarias entre paisaje, arquitectura, planeación e ingeniería. El tipo de proyectos que estamos encarando ahora exigen una mente mucho más amplia e inclusiva, capaz de conectar distintas disciplinas y de establecer nuevos tipos de práctica. Se trata de desafíos más imaginativos que técnicos, y van a requerir una nueva generación de diseñadores comprometidos con la construcción de nuevas ecologías −nuevas mezclas y amalgamas en respuesta a un terreno siempre cambiante.

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