11 septiembre, 2015

Las cosas por su nombre

por Brian Nissen

Creo que todos los interesados que estén a favor y consideren necesario mejorías y remodelación del tramo de la Avenida Chapultepec que va entre los estaciones del Metro Insurgentes y Chapultepec deberían tener en cuenta lo siguiente.

El propósito de un proyecto como el Corredor Cultural Chapultepec debe tener su origen en el uso de una propiedad pública destinada para el beneficio urbano y comunitario. Para realizar esto se propone financiarlo a través de la creación de espacios nuevos con locales comerciales a través de inversiones privadas.

El proyecto recientemente presentado al público propone un paseo elevado de dos o tres pisos para uso comercial y de recreo. Nombrar el proyecto ‘Corredor Cultural Chapultepec’ siembra desconfianza entre los ciudadanos, pues, ni será un parque, ni es un proyecto cultural, sino un corredor comercial con paseos arbolados. Esto no tiene nada de malo en sí, siempre y cuando haya un balance entre los intereses del los promotores y el público.

La empresa promotora del proyecto ha presentado en los medios su plan y ha anunciado que habrá una consulta ciudadana. Como es lógico, su presentación es atractiva e idealizada, apuntando todos los bienes y ventajas que puede traer consigo, y en donde se da entender que el propósito del proyecto es que su efecto resultará en una renovación paulatina de la Zona Rosa.

Hasta ahora bien. Se anuncia una consulta ciudadana, pero para que sea efectiva los participantes deberían estar plenamente informados de las consecuencias del proyecto: hay estudios a fondo del proyecto y los beneficios para los inversionistas, pero no se ha publicado o no hay estudios independientes y desinteresados de los efectos adversos en la zona urbana en cuanto la vialidad, ni de como puede afectar a los vecinos, ni de los problemas de saturación urbana. No hay una explicación de porque es necesario un ‘parque’ elevado pegado al enorme Parque de Chapultepec, ni porque hacen falta espacios culturales adicionales en la zona de la cuidad que cuenta con más espacios culturales que el resto la ciudad.

No se habla claramente de las consequencias en cuanto la vialidad de una avenida agobiada de tráfico a menudo colapsada y más aún si se propone achicarla. En las imágenes publicadas ilustrando el proyecto solo se ven algún y otro coche y no hay representación de la cantidad de locales comerciales propuestos dando una impresión distinta a la realidad venidera. Según el Arquitecto Alberto Kalach estos locales comerciales ocuparán un espacio equivalente a dos grandes tiendas Costco. Esto se llama ‘dorar la píldora’.

Las medicinas que uno compra indican sus contraindicaciones: advierten los  posibles efectos adversos para que uno pueda estar bien informado antes de tomarla. Pero también venden otras que no tienen información ni de para que sirven, ni como se toma, ni de por donde se meten, sino solo avisan ‘consulte a su médico’, así absolviéndose de toda responsabilidad.

La ciudadanía, con razón, desconfía de esos grandes proyectos cuando no están bien informados de sus propósitos. Todavía tiene muy presente el desafortunado caso de la ‘Estela de Luz’ que en lugar de ser un monumento al Bicentenario es ya conocido como un monumento a la corrupción e impunidad.

Para que haya confianza ciudadana en la buena fe de ese proyecto y para el bien de todos los involucrados, es necesario que antes de hacer una consulta precipitada, se de un tiempo adecuado para que el público esté bien informado de los pros y contras antes de emitir su opinión.

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