29 febrero, 2016

La nueva sede de Bancomer

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

©_LOURDES_LEGORRETA_BANCOMER_20_ Fotografía: Lourdes Legorreta

Sales de la estación de metro de Chapultepec y la ves. Negra y morada, altiva. El edificio es imponente y deja en ridículo a la malograda Estela de Luz. Llegas a la puerta trasera, agolpado con decenas de periodistas que desean entrar lo más rápido al interior y conseguir la mejor posición para hacer una foto; desde ahí te fijas en cómo la planta baja de la torre se relaciona con la calle y cómo la iluminan desde el interior las luces del vestíbulo. La entrada, de tripe altura, se abre al Paseo de la Reforma y aspira a vincular el trabajo cotidiano de la sucursal con los negocios comerciales que se desarrollan en los niveles superiores. Una especie de impasse.

DSC_0055Fotografía Pedro Hernández Martínez

Mientras esperas que los miembros de seguridad revisen tu equipo, tu documentación y te concedan tu tarjeta de acceso, miras hacia arriba y no puedes dejar de pensar, ¿por qué, más allá de la necesidad de adaptarse a los nuevos modelos y necesidades del espacio de trabajo, esta empresa quiso abandonar su antigua sede, un edificio horizontal y funcional, diseñado por Augusto H. Álvarez, Juan Sordo Madaleno y José A. Wiechers, y construir algo que tiene una clara vocación de ícono urbano?

Llegar más alto parece un sueño común en la historia de la humanidad. Un sueño del que la arquitectura ha querido hacerse eco desde hace tiempo y busca activamente conseguir, erigiéndose en vertical sobre cualquier terreno y obstáculo. De ese viejo deseo, la Torre de Babel aparece como uno de los mitos clásicos de la cultura occidental. En él, el poder humano desafía a Dios —un dios omnipotente que habita las alturas— al que quiere igualarse, no sin provocar la ira del altísimo. Otro mito es el de Ícaro, hijo del arquitecto Dédalo, que con sus alas de cera aspiró a llegar allí donde su padre no se atrevía: al mismo sol —de nuevo una fuente de poder divino que nos observa desde las alturas—, aunque ello le costara la vida.

A la sombra de la torre, recuerdas que, pese a las adversidades, el ser humano ha seguido tenaz, sin darse por vencido y, con el tiempo, fue apoyándose en un mayor conocimiento técnico —el mismo que le permitió superar a la naturaleza hasta someterla— para elevarse más y más con sus edificios. El siglo XX, con el desarrollo de la industria del acero, el concreto y el vidrio, verá gustoso la consolidación del deseo de verticalidad, con estructuras más ligeras que se alzan, orgullosas, sobre el mundano suelo terrenal.

©_MA._DOLORES_ROBLES_MARTÍNEZ_G_7015Fotografía. Ma. Dolores Robles Martínez G

Recuerda que, de los primeros diseños en Chicago de Sullivan a los magnos proyectos del Rockefeller Center o el Empire State, quienes han ostentado el poder económico han intentado dar muestra del mismo, buscando llevar su visión cada vez más alto. Los aventurados empresarios dieron paso a las grandes corpotaciones. Con todo, el siglo XXI comenzó dubitativo. El ataque a las Torres Gemelas parecía un mensaje reiterativo de los viejos mitos. Pero la arquitectura se sobrepuso y el desafío vertical cobró renovadas fuerzas: China, Oriente Medio y —persistente— la ciudad de Nueva York lideran esas carreras. Otras ciudades se unieron; en los últimos 15 años no hay urbe que aspire a ser global que no haya ejecutado un gran rascacielos: Santiago con Gran Torre Santiago; Madrid con las 4 Torres, Barcelona con la Agbar de Nouvel, el renovado WTC de Nueva York y, por supuesto, Dubai con el Burj Khalifa a la cabeza, son sólo algunos ejemplos.

Mientras piensas todo esto ya estás dentro. Has llegado a la planta 12. Estás en un nuevo vestíbulo pero éste, además, tiene privilegiadas vistas sobre el Bosque de Chapultepec y la Avenida del Paseo de La Reforma. Desde tu posición, y entre la multitud, puedes ver parte de la Torre Mayor e intuyes la figura de la Torre Reforma, aún en construcción. Otros gigantes. Tal situación no es excepcional, México también quiere su imagen en el mundo a golpe de rascacielos. De los 20 edificios más altos de la ciudad, 13 están ejecutados sólo en los últimos quince años y, de ellos, varios se sitúan en las inmediaciones del Paseo de la Reforma, que ha vivido desde el 2000 una transformación radical.

Tú estás en el último realizado, quedan apenas unos minutos que se inaugure y esperas que lleguen los maestros de ceremonias. La Torre BBVA Bancomer, con sus 237 metros, dejó muy atrás a los 166 metros de la Torre Latinoamericana –el primer esfuerzo real por conquistar la verticalidad en la ciudad–. Y es que en México la línea predominante fue siempre la horizontal. Incluso las pirámides, con su enorme altura y tamaño, no son capaces de abandonarla. Quizás por eso estos nuevos desarrollos cuenten con escasos referentes y sean celebrados como una inaudita forma de novedad.

©_LOURDES_LEGORRETA_BANCOMER_7_Fotografía: Lourdes Legorreta

Ahora entiendes. Por eso la inauguración del nuevo gigante resultó tan explosiva. No hubo reparo en gastos. A los fuegos artificiales que iluminaron y ensordecieron hasta zonas lejanas le acompañó la presencia de Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos; Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la nueva #CDMX; el secretario de Hacienda y Crédito Público; el Gobernador del Banco de México; y los principales directivos del grupo BBVA Bancomer, en una entrañable unión fraternal entre poder político y económico. Todo ello bajo unas cubiertas de color naranja en forma de paraguas que definen una gigante sala hipóstila donde ya está todo preparado para empezar los discursos de los invitados y desplegar la placa que dé por inaugurado el proyecto.

©_LOURDES_LEGORRETA_BANCOMER_44_Fotografía: Lourdes Legorreta

©_MA._DOLORES_ROBLES_MARTÍNEZ_G_6187Fotografía: Ma. Dolores Robles Martínez G

Los distintos participantes, cada uno en su papel, alaban el diseño realizado por Legorreta + Legorreta y Rogers Stirk Harbour + Partners: Luis Robles, presidente del Consejo de Administración de BBVA Bancomer, destacó varias veces el trabajo de los arquitectos; Miguel Ángel Mancera aludió a los cambios que está viviendo la ciudad, donde la Torre aparece como un nuevo ícono urbano, que aspira a ser el primero de una “ciudad de los rascacielos” y solicitó sólo una cosa, que mantuvieran la iluminación que tenía el edificio esa noche; Francisco González Rodríguez, presidente de BBVA, apuntó que este edificio es sólo una parte de un enorme proyecto de inversión y renovación de la empresa y al que sumar el Centro Operativo BBVA Bancomer Parques Polanco y un Data Center en Atizapán; y Enrique Peña Nieto, dijo que este proyecto representaba la visión de un México moderno al exterior.

Las palabras del Presidente de la República resuenan con aquellas otras emitidas por sus pares al exponer el proyecto Moderno en la mitad del siglo pasado, pero donde antes existía un proyecto financiado y apoyado por el Estado, queda hoy relegado a las grandes iniciativas de la industria privada. Pese a ese carácter, el edificio nace con la voluntad de crear una presencia urbana y distinguirse como un icono. Y así es. Su imagen no pasa desapercibida, y reconfigura el skyline de la ciudad.

©_LOURDES_LEGORRETA_BANCOMER_5_Fotografía: Lourdes Legorreta

Hay quien dirá que no es el mejor proyecto de Rogers. Puede ser. Un vistazo rápido muestra algunos de sus problemas. Uno destaca: el excesivo número de estacionamientos. Un criterio que seguro no es decisión del arquitecto británico como exigencia de la normativa de la ciudad y del cliente que, sin duda, perdieron la oportunidad de dar una lección urbana en un conflictivo nodo de tráfico —como sí han hecho otros ejemplos contemporáneos como la la Torre Shard de Piano en Londres.

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Otros podrán decir que no es bella —incluso alguno la tildará de fea— con una presencia que no pasa inadvertida, con su color morado, su oscura estructura de acero, sus enormes espacios-terraza ajardinados, el patrón de sus fachadas o sus elementos de comunicación a la vista. La torre es consciente de lo que es y es, sin duda, mucho mejor que el tibio diseño de la vecina Torre Mayor.

0001_(10)En el interior, todo luce bien. La torre ofrece una variedad de nuevos entornos de trabajo para todos los usuarios, “para explorar una arquitectura que promueve un sentido de comunidad”. Es pronto para decir tales cosas, pero percibes aciertos. Los jardines superiores, colocados rítmicamente conforme asciende la escultura, brindan la posibilidad de crear una experiencia colectiva hacia el exterior, creando diversos espacios comunes para los empleados.

En lo técnico también destaca. Hasta ahora se muestra con una detallada ejecución y ya cuenta con certificación LEED Oro y estrategias de reciclaje de agua, orientación, circulación de aire —que permite evitar el uso de aire acondicionado— y otros factores en busca de la deseada sostenibilidad.

La nueva sede de BBVA Bancomer se erige firme, guste más o guste menos, consciente de lo que quiere ser y sabiendo que, quien venga después —otras torres— tendrán que responder a su nueva estela.

©_MARK_GORTON_G_7033Fotografía: Mark Gorton


Proyecto Arquitectónico: LegoRogers (colaboración de LEGORRETA + LEGORRETA, Rogers Stirk Harbour + Partners).
Superficie: 188777.0 m2
Altura: 235 m
Número de plantas: 50 sobre nivel de banqueta + 3 pisos técnicos

Fotografías: Lourdes Legorreta, Ma. Dolores Robles Martínez G y Mark Gorton.


Cliente: Grupo Financiero BBVA Bancomer

Equipo Legorreta + Legorreta (LEGORRETA ®): Ricardo Legorreta, Víctor Legorreta, Miguel Almaraz, Adriana Ciklik, Carlos Vargas, Miguel Alatriste, Víctor Figueroa, Mariana Gómez, José Luis Barrera, Gerardo Martínez, Alejandro Ramírez, Guillermo Mateos, Óscar Islas, José Luis Corona, Diego Cuevas, Armando Echávez, Satoshi Kawakami, Tania Bárcena, Andres Martinez – Lanz, Jorge Vallarta, Alejandro Zamna, Francisco Espinosa, Samuel Corona, Lourdes del Val, Daniela Muñoz, Emmanuel Pérez, Fernanda Argüello, Luis Antonio Oviedo, Álvaro Hernández, Margarita Castro, Xavier Valladares, Berenice Corona, Gerardo González, Francisco Toledo, Roberto López, Noé Báez, Miguel Ángel Aguilar, Ivan Torrejón, Regina Martínez, Francisco Arellano, Oswaldo Anaya, Fredy López y Joel Rojas.

Equipo Rogers Stirk Harbour + Partners: Richard Rogers, Graham Stirk, Ivan Harbour, Mike Davies, Lennart Grut, Andrew Morris, Richard Paul, Ian Birtles, Simon Smithson, Tracy Meller, John McElgunn, Stephen Barrett, Andrew Tyley, Stephen Light, James Leathem, Georgina Robledo, Mark Darbon, Mark Gorton, Douglas Paul, Dennis Austin, Matt Cooper, Benjamin Darras, Michael Hughes, Dirk Krolikowski, Leonardo Pelleriti, Barbara Perez, James Stoops, Simon Tonks y Alex Zimmerman.

Diseño de Interiores: LegoRogers / Skidmore Owins & Merril (SOM)

Diseño Estructural: ARUP, Colinas de Buen S.A. de C.V.

Instalaciones Hidrosanitarias: ARUP, Garza Maldonado y Asociados S.C.

Aire Acondicionado: DYPRO S.A. de C.V

Seguridad: LOGEN S.A. de C.V.

Consultor Detección de Humo: LOGEN S.A. de C.V.

Acústica: Saad Acústica S.A. de C.V.

Señalética: Rommy Serrano

Consultor de Estacionamientos: Walker Parking Consultant

Consultor Geotécnico y Topográfico: Ingeniería Experimental

Consultor de Helipuertos: ATG Ing.

Consultor de Impacto de Tráfico: ITT

Consultor de Urbanismo y Medio Ambiente: Asesoría Urbana

Cocina: Grupo Lux

Multimeda: Saad Acústica S.A. de C.V.

Consultor LEED: HKS Inc

Consultor para el Análisis Térmico de la Fachada: DYPRO S.A. de C.V.

Protección Resistencia a Incendios: ARUP

Transportación Vertical: ARUP

Instalaciones Eléctricas: ARUP, DEC

Estudio de Túnel de Vientos: RWDI Consulting Engineers

Consultor de Códigos y Reglamento: Luis Rosales

Rénders: DECC

Diseño de Paisaje: Espacios Verdes S.A. de C.V.

Estimador de Costos: Ingeniería de Proyectos y Supervisión (INPROS S.A. de C.V.)

Contratista: Turner Construction Company, Marhnos Construcciones S.A. de C.V.

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