18 mayo, 2015

Centro de Innovación UC Anacleto Angelini

por Alejandro Aravena

Centro de innovación UC Anacleto Angelini
Proyecto Arquitectónico:
Alejandro Aravena | ELEMENTAL
Lugar: Santiago de Chile, Chile
Año:
2014

Dentro del campus San Joaquín de la Universidad Católica de Chile, donde también se encuentra otros proyectos míos: la Facultad de Matemáticas, de 1998, y las Torres Siamesas, del 2005. Así, en trescientos metros hay una secuencia en la que, paradójicamente, este proyecto en vez de ir hacia delante va hacia atrás. Arquitectónicamente hablando sigue un camino distinto al del progreso entendido en el sentido más convencional. La forma del edificio responde a una agenda interna creativa y a una agenda externa para posicionarse en un paisaje más global.

Dentro de la agenda interna encontramos el primitivismo constructivo y de la composición: ¿cómo componer pero no diseñar?, ¿cómo componer al punto de que parezca que no está diseñado? ¿Cómo poner un conjunto de piezas juntas con una cierta naturalidad? La agenda interna es como el tipo de ingredientes en una cocina. A pesar de que es poco intelectual o inteligente como lenguaje, así es como lo discutimos en la oficina. Cuando uno define la forma de un proyecto se trata de evitar ser otro más: nos preguntamos cómo no ser uno más del montón.

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Parte de la agenda externa es quitar elementos arquitectónicos: que las piezas con las que uno compone no sean solamente un techo, una puerta o una ventana, sino que tengan un lenguaje que es anterior a la arquitectura. Bloques, piezas, elementos constructivos y no arquitectónicos. Olvidarnos de grafismos y hacer cosas más opacas, más sólidas, con la testosterona alta pero la adrenalina baja. Rescatamos de algunos proyectos la forma primitiva de construir, quizás por el contexto en donde fueron creadas. Pasar de ese primitivismo constructivo al primitivismo de la composición: diseñar algo con tal naturalidad que parezca que no está diseñado.

Referencias también no de los propios proyectos si no de otras personas que están haciendo cosas que nos terminan afectando a todos. Una mezcla de admiración y envidia por las cosas que están haciendo los demás. Por ejemplo, en el caso de Erwin Wurm es muy claro el tema del peso como una explicación de por que su obra tiene la forma que tiene. Otro ejemplo son las coreografías de William Forsythe en donde es especialmente interesante ver el tema de acción y reacción de las fuerzas. ¿Cuánto de este universo de información te intentas acercar y cuánto alejar? Quisimos alejarnos del lenguaje anterior a la arquitectura, ese lenguaje en donde puedes distinguir los muros de las columnas y estos de las ventanas. No por que esté mal, sino por que son este tipo de cuestiones las que no son capaces de resistir el tiempo: gestos arquitectónicos que no son necesarios.

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Partimos de las variables que informan la forma del proyecto y dedicamos bastante tiempo a diseñar la pregunta antes de sintetizar siquiera una respuesta posible. Identificamos las cosas que vienen al caso en el proyecto, inevitablemente, y que aunque tienen influencia no hacen la diferencia en la forma —por ejemplo la misma normativa constructiva. Formulamos la pregunta de forma que nos permita explicitar los términos para medir si el proyecto está quedando mejor o peor —¿cómo medir que un resultado es mejor que otro y no sólo distinto? Y esta pregunta cada vez es más nítida. Nos ayuda sobre todo en cuestiones vagas o difusas como por ejemplo el carácter de un edificio que a la vez es de las cosas más difíciles de explicitar. No hay una manera de saber la causa y efecto del carácter de un edificio. Sin embargo, el carácter es una de las cosas que primero le llegan a uno de un edifico, de inmediato uno puede sentir si el edificio es alegre o no, si te impacta con un carácter monumental o es más bien amable.

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Más adelante fue más claro a lo que el edificio tenía que responder y por lo mismo la forma se empezó a hacer más clara también. En un edificio de este tipo, se tendrían que identificar cuatro maneras de trabajar: el trabajo formal y el informal, cada uno individual y el colectivo. Para nosotros era importante que todas esas maneras se pudieran leer en el edificio.

Buscamos un edificio austero como una declaración al cliente: quien invierte mucho dinero en la creación de un instituto de investigación que generará riquezas para el país tiene que saber que buscaríamos hacer un edificio austero. Cercano a eso estaba la idea de no caer en la trampa de lo contemporáneo. Había que hacer un edificio atemporal y pero no contemporáneo. La atemporalidad es algo que me ha tocado padecer al asistir en una posición privilegiada como jurado del Premio Pritzker. Probablemente una de las cosas que más me han marcado en el tiempo que llevo en ese trabajo, es que uno queda expuesto a una verificación en primer plano a las obras que han sido capaces, o no, de resistir la prueba del tiempo.

 

Transcripción de la conferencia de Alejandro Aravena en el Congreso Paisajes en contraste, Santiago de Chile, 2014
Fotografía: © Tomás Casademunt

Texto publicado originalmente en la Revista Arquine No.69.
Más información y documentación gráfica sobre el proyecto en el próximo número de la revista: Arquine No.72 | Marcos para la cultura






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