18 agosto, 2017

Distopía y sexualidad

por Christian Mendoza

En Centro de la Juventud, Arte y Cultura Futurama se ha inaugurado la muestra Le gran luxe, curada por Daniel Garza Usabiaga  y gestionada por la asociación civil Local 21, y que reúne a siete artistas mexicanos. Sostenida en un relato de William Burroughs del mismo nombre, la exposición busca ser una suerte de oposición a los códigos imprerantes del arte gay, situándose en un contexto crítico que revisa la globalización, el mercado, la protesta pública y los conflictos raciales. “La idea de mezclar la sexualidad con lo punk y el imaginario post-apocalíptico tenía la intención de hacer un quiebre en lo que comúnmente se asocia con “arte gay”: hombres con cuerpos perfectos, arcoiris, fiesta, parafernalia sexual, etc. En este sentido, la exposición es un ejercicio de desidentificación. La referencia al libro de Burroughs y el punk subrayaba una postura crítica presente en la historia de las sexualidades disidentes. Esto se extiende al contemplar escenarios problemáticos actuales a futuro, mismos que no competen únicamente a una minoría en específico, comenta el curador. “En las últimas décadas ha existido una normalización, través del consumo, de cierto imaginario que compete a lo homosexual. Existe más visibilidad, pero una visibilidad muy específica. Este imaginario refuerza cuestiones de identidad muy claras, cuestiones que parecen ir de la mano del consumo de mercancías, imágenes (espectáculo) y estilos de vida”, puntualiza.

Una de las piezas que conforman la exposición es El espíritu gobierna secretamente, sólo el cuerpo no logra nada de Aleph Escobedo, una mirada futurista hacia el futuro de la producción de medicamentos para el VIH. “A diferencia de los 90, hoy existen tratamientos para controlar el virus y llevar una vida tan larga y sana como cualquier otra persona, sin embargo este tratamiento, a menos de que tengas un ingreso muy alto, es muy difícil pagarlo con recursos propios pues un frasco con 30 pastillas (para un mes) cuesta aproximadamente 15,000 pesos, por lo que estas encadenado al seguro medico público de por vida”, nos dice el artista. “De esto surge un gran inconveniente al viajar pues, por ejemplo, si alguien quisiera ir a estudiar o trabajar (buscarse la vida) en otro país está condenado a regresar a su país de origen por el medicamento cada 2 o 3 meses dependiendo del acuerdo con la clínica ya que al ser un medicamento tan caro no te lo sueltan tan fácil. Otra opción es conseguirlo en el mercado negro, casarte con alguien del otro país para obtener el seguro de allá, en fin. Aquí los únicos que salen ganando son las farmacéuticas, que tienen sometidos a pacientes y a gobiernos para comprar los medicamentos sí o sí. Y hasta que las patentes no se liberen seguirán los precios por la nubes. En este caso estoy hablando de VIH pero seguramente en el próximo siglo surgirán mutaciones del virus o habrá nuevas enfermedades para agrandar los bolsillos de las farmacéuticas. A partir de este punto es que yo me imagino una situación extrema en la que las personas tendrán que obtener tratamientos y medicinas por sus propios medios, incluso haciéndolo en casa, lo que seguramente se llegará a regular e incluso prohibir en beneficio de quién controla los sistemas de salud”. La obra de Aleph Escobedo tuvo una parte performática: “La mina está dentro de un contenedor con las palabras NANO, BIO, INFO y COGNO que corresponden a las tecnologías emergentes asociadas al transhumanismo, corriente ideológica que busca mejorar la condición humana por medio de estas nuevas tecnologías. Estos conceptos ya los he venido trabajando en otras piezas relacionadas, por ejemplo, durante la marcha LGBTT de este año realicé un performance con un grupo de personas que llevaban banderas y estandartes con estas palabras y otras relacionadas al transhumanismo, pensando en cuáles serían las demandas de los grupos LGBTT en el futuro”. Alfonso Santiago, para sus obras Sin título (banderas) y Sin título (bastidores) igualmente juega con los significantes de las banderas y de aquello que identifica a un grupo: “El interés de las piezas que presento en la expo recurre a imágenes disponibles en internet, que después de un proceso industrializado de impresión son presentadas en forma de “pinturas” y banderas, partiendo de la idea que estas piezas de tela (tensas en un bastidor u ondeando más libremente) han servido en distintos momentos como insignias o indicadores de territorios o ideologías. Además, me llaman la atención los elementos que pueden ser estudiados desde áreas completamente disímiles, por ejemplo los cuerpos celestes que son campo de estudio de la astrología y la astronomía”

Esta reflexión respecto al futuro es una constante en la exposción. Laos Salazar, artista invitado, opina: “Aunque visualmente las piezas son diferentes entre sí, creo que todos nos enfocamos en la premisa de la exposición y sobre todo en el aspecto cinematográfico de la muestra. Yo diría que, desde mi punto de vista, el hilo conductor es la creación de ficciones futuras, creo que todos hicimos un trabajo pensando en el “porvenir” y lo trágico que podría ser, sin tampoco ser totalmente pesimista. En las piezas veo, irónicamente, cierta resistencia a la idea del fin del mundo, creo que también hablamos de crear nuevas realidades, nuevas conexiones y hasta nuevos sistemas de creencias (como en las piezas de Berke), la necesidad, tal vez, de hacer tabula raza y empezar de nuevo. No al estilo de Hollywood, donde el patriotismo y el heroísmo de los hombres blancos es exaltado, sino una posibilidad creada a partir del caos creado por estos”. Berke Gold, por su lado, agrega:  “En cuanto a los temas comunes entre las piezas, creo que fue interesante, ya que no platicamos entre nosotros sobre qué estábamos haciendo, de hecho la mayoría no nos conocíamos antes del montaje y no vimos las piezas de los demás antes de la semana de montaje en Futurama. No me cuesta ver, como discutimos con Daniel varias veces, al conjunto de artistas como una ‘boy band from hell’, cada uno con sus intereses y su personalidad distinta, pero juntos creando una agrupación. Siento que ante el programa de responder a un futuro distópico, varios pensamos en la producción en masa, no sólo de la cultura sino de los objetos que consideramos hacen cultura (como con las piezas de Enrique y Romeo). En fin, pienso que sin haber conversado antes sobre la distopia varios de nosotros tememos que se salga de control la manera masificada y falsamente globalizada en que se pretende que consumamos objetos y creamos que eso es lo que nos define culturalmente”.

La arquitectura del recinto también es un elemento importante que puede ayudar a entender la exposición. Al respecto, Garza Usabiaga menciona que “el espacio cuenta con ciertas características que se adaptan a la propuesta curatorial. Por eso se decidió hacer esta exposición ahí. El techo era muy importante, es muy industrial y al mismo tiempo podía evocar algún espacio en desuso como —con sus pasos de gato e iluminación— un set de cine. Más allá de esto los artistas supieron establecer un diálogo oportuno con el espacio, aprovecharon tiros visuales, espacios no convencionales como la escalera o el marco que ofrecían las grandes ventanas de la sala. Las banderas de Alfonso Santiago, por ejemplo, se dispusieron sobre la entrada al auditorio que colinda con la sala. La ubicación fue muy acertada ya que termina pareciendo una entrada muy oficial o institucional a un auditorio”. Hernán Cortés, otro de los expositores, ahonda: “La propuesta para Le Gran Luxe surgió a partir de la invitación de Daniel teniendo seleccionado el espacio y con la intención de simular un set cinematográfico de lo terrible. Mi obra se definió de la visita a Futurama semanas antes del montaje, estas piezas fueron desarrolladas especialmente para el lugar, su localización geográfica y sus posibilidades arquitectónicas para el montaje, elementos explotados de diferentes maneras en cada pieza. In Spe, 2017, por ejemplo, es un díptico que se consolida en su montaje de piso y ventana”

Le gran luxe puede visitarse hasta el 3 de septiembre.

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