8 mayo, 2013

Ciudad activada

por Miquel Adrià | @miqadria

Gianbattista Nolli mostró una Roma inédita. Con su plano en positivo y negativo de la Roma Antigua, capturaba el espacio público ente edificios y dentro de edificios. Estableció una nueva categoría del espacio público indistintamente de su condición de interior o exterior. Desde esta reducción radical la ciudad se conforma de lo sólido y del espacio capturado. Entre la masa y el vacío. Y la masa urbana, fundamentalmente es la vivienda. La vivienda es el cuerpo de las ciudades. Es un producto de primera necesidad y también es un producto del mercado. Sin embargo, la vivienda colectiva es quizá la tipología más convencional, la que menos ha evolucionado. La máquina de habitar que proponía Le Corbusier se rigidizó, a pesar de que los usos, las costumbres, el concepto de familia o el número de personas que habitan en una vivienda, se han transformado radicalmente. Tanto las viviendas de interés social como las de nivel medio y alto sufren la misma esclerosis evolutiva. Buena parte de los brutales desarrollos de las periferias metropolitanas latinoamericanas no tomaron en cuenta las virtudes de los experimentos del existenzminimum moderno, acumulando sus peores aportaciones, como la repetitividad y homogeneización.

Redensificación, diversidad tipológica y flexibilidad distributiva son claves para una necesaria puesta al día y a la vez como relevo de un modelo anónimo y centrífugo basado en el costo ínfimo de los límites urbanos. Nuestras metrópolis del siglo XXI deben dejar atrás esas costras periféricas en aras de un modelo que privilegie la integración social, la cohesión y el bienestar desde la redensificación y la diversidad tipológica. La contra parte de la vivienda como masa es el espacio público como vacío. Eso que Manuel Delgado lo identifica como el espacio que hay que llenar entre construcciones. El espacio público no sólo es el lugar común, el punto de encuentro o el ámbito de todos, sino que también es un territorio de conflictos. Nuestras ciudades son la versión exacerbada de las diferencias y los contrastes –culturales, sociales, económicos– y la congestión urbana aumenta las probabilidades de colisiones. No basta con monumentalizar las periferias si no están previamente activadas socialmente, ni programar los no lugares –como los bajo puentes– si antes no se domesticaron con estrategias de apropiación ciudadana. Acciones unilaterales –y autoritarias– desvinculadas de signos de pertenencia social corren el riesgo de regresar como fuelles a su condición original y al abandono. La ciudad y, muy especialmente, el espacio público es el lugar donde se expresan todas las contradicciones y es el experimento permanente que da forma al conflicto.

Para el activista chino Ai Weiwei la arquitectura es el vínculo entre política y realidad, donde eventualmente la impaciente presión colectiva, junto con esporádicas burbujas de lucidez, pueden activar y dar significado al espacio público. Más acá de los límites metropolitanos, y más allá de la dicotomía entre centro y periferia, el espacio público activado puede estimular nuevas condiciones cargadas de significados inéditos y sorprendentes que generen atractores metropolitanos activados de energía y conocimiento: ésta debe ser la vocación de nuestras ciudades futuras y el compromiso entre los administradores públicos –la autoridad no autoritaria– y los ciudadanos, en un acto de corresponsabilidad cívica.

* Programa General de Desarrollo Eje 4 de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda | Habitabilidad y servicios. Espacio público e infraestructura.

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Gregotti en el Pompidou

El Museo Pompidou de París reconoce el trabajo de Vittorio Gregotti, arquitecto contemporáneo a Aldo Rossi, con el que compartió notables aventuras profesionales. Gregotti desarrolló un nuevo modo de pensar el diseño urbano, estableciendo un diálogo entre la geografía y los signos arquitectónicos. En buena medida, sus proyectos emanan de la morfología del territorio en el que se implantan y regresan a él reforzándolo desde trazos metarquitectónicos que subrayan cicatrices, cosen topografías y tejen el paisaje, en un zurcido permanente con el que reconstruye el territorio.

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El jardín rescatado

Con el reciente rescate del jardín original de la que fue la Casa Prieto López —ahora Casa Pedregal— de Luis Barragán, culmina un proceso iniciado por su nuevo dueño. La restauración de la casa estuvo a cargo del arquitecto Jorge Covarrubias, con una suerte de investigación cromática que abocó en una serie de colores terciarios, muy distinta a la paleta canónica y estereotipada del Barragán globalizado. Y el jardín, rescatado bajo capas de pasto, ha renacido de las manos de Entorno (Tonatiuh Martinez y Hugo Sánchez) y de la exploración iconográfica de su nuevo propietario.

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