El escenario explota

18 de diciembre de 2013

Para muchos el arquitecto alemán Frederick Kiesler (Czernowitz, 1890 – Nueva York, 1965) es especialmente conocido por su proyecto de Casa sin fin, un proyecto realizado en la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. En una época en la que la arquitectura bebía principalmente del positivismo del Movimiento Moderno, Kiesler se atrevió a imaginar el proyecto de una casa como una enorme cueva formada a través de un pliegue y que más que una ‘máquina para vivir’ podía ser descrita como una ‘máquina viva’, donde el habitante alcanzaba una determinada relación armónica con el espacio que lo envolvía. No es de extrañar que Kiesler con este proyecto nos hable de la interacción entre cuerpo y espacio, ya que es un aspecto que desarrolló a lo largo de sus años de trabajo. La casa, realizada casi al final de su vida, representa el desarrollo de la personalidad de un arquitecto que revolucionó no ya la arquitectura, también de disciplinas como el cine, el diseño, el teatro y la escenografía, que acabó por cambiar para siempre. Así, El escenario explota –nombre que recibe la exposición curada por Bárbara Lésak– se organiza en La Casa Encendida de Madrid en torno a tres épocas del autor alemán, que podríamos separar en: orígenes, consolidación en Juiliard School of Music –donde trabaja como escenógrafo– y experimentación, donde Kiesler abraza definitivamente el movimiento surrealista y nace el ya mencionado proyecto de la Casa sin fin.

La primera de las salas muestra seis de sus primeros trabajos, desde su participación en la Konzerthaus de Viena en 1924, que se reproduce a escala 1:1 dentro de la sala, a sus primeros proyectos teatrales o a la famosa Casa Espacial. Aparece también su Ciudad espacial (Raumstadt) que, aun sirviendo como expositor, nos ayuda imaginar las posibilidades de un espacio con una nueva movilidad o su Escenario espacial (Raumbühne) donde Kiesler explora las posibilidades de un espacio teatral y escenográfico donde el espectador podía moverse en torno al escenario, cambiando completamente su mirada en el movimiento. Esta primera parte se completa con los enormes y expresivos dibujos –que bien podía ser plantas y secciones o cuados abstractos sobre el movimiento- de su Teatro sin fin, una especie de teatro total que perseguirá al arquitecto durante toda su vida. La segunda parte muestra principalmente su trabajo en la Juiliard School of Music, donde trabajo como escenógrafo principal y sus contactos con el cine, tanto desde el diseño de salas – ver su proyecto del Film Guild Cinema – o sus participaciones como actor y guionista. La última parte muestra a un Kiesler más expresivo que ya ha abrazado el surrealismo y que recurre al biomorfismo en sus diseños. El parecen enormes huesos en el decorado de El pobre marinero o su ya mencionada Casa sin fin de formas orgánicas. De esta última sala podemos ver nuevos proyectos teatrales como su Teatro doble (no construido) o su proyecto para el Empire State Music Festival, ideado como una enorme carpa circense. Pero es su nuevo Teatro sin fin o Universal lo que más destaca de toda esta última parte del montaje. Imaginado sin  una sola recta consistía en un bloque de hormigón continuo que alojaba tres escenarios combinables equipados con los mecanismos técnicos más avanzados.

La exposición presenta documentos originales como planos y dibujos realizados por el propio Kiesler, así como acompañada de reconstrucciones de algunas sus maquetas y escenografías más representativas, que permiten ver el universo imaginado por Frederick Kiesler. Al tiempo se acompaña de un pequeño y sencillo catálogo, que más que ser una réplica en papel de lo que ofrece la exposición, la complementa a través de una serie de textos que sirven para completar la figura de Kiesler en toda su dimensión.

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