1 diciembre, 2017

Ampliar la experiencia del proyecto: Michel Rojkind sobre el Foro Boca

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

 

Fotografía © Jaime Navarro. Cortesía Rojkind Arquitectos

 

Hoy, 1 de diciembre, se inaugura de forma oficial el Foro Boca, un proyecto desarrollado por Rojkind Arquitectos y que desde hace tiempo se viene anunciando como uno de los más destacados del país y el continente, hasta el punto que The New York Times consideró a su autor, Michel Rojkind, y usando como excusa al Foro, como uno de los arquitectos de su generación que conviene tener en cuenta.

Para ofrecer una visión más amplia del proyecto, alejada de notas de prensa que se repiten y reproducen por distintos medios estos días, el pasado miércoles visitamos la nueva oficina de Rojkind Arquitectos para conversar y descubrir de la propia voz de Michel Rojkind las distintas decisiones que dieron origen al proyecto tal y como hoy se encuentra, así como las posibilidades futuras del edificio para la ciudad de Boca del Río.

¿Cuál es el punto de partida del Foro Boca? ¿De dónde surge?

El proyecto comienza con una serie de conversaciones con Miguel Ángel Yunes, que es el alcalde de Boca de Río. Él ya tenía un plan para arreglar y remodelar el Bulevar Vicente Fox, intentando realizar un plan urbano más amable para el peatón y los ciclistas. Ese tramo era un espacio muy abandonado de la ciudad y puedes alcanzar a ver construcciones no terminadas y predios vacíos; además, los vientos del norte ahí son muy intensos y, por ello, la arena de la playa cubría prácticamente la calle. Es entonces cuando se nos invita a platicar, a ver la posibilidad de realizar la transformación del bulevar entre varios arquitectos, y rediseñar los baños o las zonas de salvavidas existentes con un proyecto que permitiera realizar plazas y otras cosas a nivel urbano. Nosotros habíamos hecho una lista de arquitectos y urbanistas para que pudieran colaborar en la zona. Al final, la municipalidad se decantó por Ariel Rojo, quien hizo todo el proyecto del pavimento y mobiliario urbano.

A la par de estas conversaciones, Miguel Ángel Yunes me comenta sobre la orquesta de Boca del Río, que es una orquesta que ya lleva mucho tiempo operando de forma muy exitosa y bajo unos ejes muy claros, como la búsqueda de un impacto social. A él le preocupaba que esta orquesta no tuviera un lugar en la ciudad, y que tuviera que desplazarse siempre a otros lugares. Todo esto transformó completamente la idea del proyecto y se empezó un trabajo sobre qué posibilidades había para poder implantar este edificio para la filarmónica.

Fotografía © Jaime Navarro. Cortesía Rojkind Arquitectos

 

A priori, el proyecto se ubica en un lugar muy interesante, en la desembocadura del río, ¿no era la ubicación original?

Había tres posibles sitios para el proyecto. De esos, se eligió uno y se hizo un concurso por invitación. Nosotros participamos y presentamos un proyecto que, ya entonces, establecía esa idea de que fuera una cosa que tuviera que ver con el tema de las escolleras, que fuera algo en concreto, que fuera un entorno cerrado para protegerse de los vientos de la zona. Ganamos el concurso, pero el terreno elegido requería mucho trabajo previo para ganar tierra al mar; eso era muy complicado a nivel de ingeniería, por eso se decidió no hacer el proyecto ahí: habría sido más tardado y costoso.

Fotografía: Pedro Hernández Martínez

 

Así llegamos al bulevar Vicente Fox, una una zona, como dije, está bastante deteriorada, con terrenos baldíos y edificios sin terminar aún hoy.

¿Y qué posibilidades encontraron ahí?

El terreno elegido era una parcela no ocupada junto a la desembocadura del río. El lugar elegido era un terreno privado, pero que se recuperó para la ciudad. Lo más interesante para nosotros, antes de colocar y establecer el proyecto, era una escollera ya existente que, cuando llegamos, estaba llena de basura, muy deteriorada, aunque recibía, y sigue recibiendo, a muchos pescadores.

Establecimos la necesidad de que el proyecto debía incorporar dicha escollera: debía empezar a desbordarse hacia los lados. ¿Cómo acomodarlo? La entrada al edificio se realiza por la escollera misma, de forma que frena los vientos del norte y establece una boca de entrada que comunica directamente a la escollera. Una vez el proyecto se acomodó de esa forma ya supimos que estábamos bien posicionados, pero el proyecto necesita extenderse.

Fotografía: Pedro Hernández Martínez

 

Pero el proyecto necesita desbordarse, extenderse. No se trataba de presentar ya el proyecto como tal —la filarmónica— sino que tenía que ser un proyecto de regeneración urbana. Es entonces cuando todo se conecta.Ahora estamos viendo si la calle se pueda volver peatonal, que se realice una nueva zonificación y que se replantee la forma de los edificios para establecer una escala más amable.

Imagen: © Rojkind Arquitectos

 

Cuando se presenta, se hace como un plan maestro, con cambios de uso de suelo, con el tratamiento del bulevar con un pavimento de granito que plantea extenderse hacia el centro del municipio, donde están los edificios de gobierno, conectando todo a través del río. Es un poco lo que siempre tratamos de hacer con nuestros proyectos,: buscar cuál es su valor agregado y cómo hacer que el encargo trascienda. Por eso, el proyecto plantea una serie de plazas exteriores donde también puedan suceder cosas, donde los espacios públicos tengan el potencial de ser usados también para otras cosas.

Una vez se tenía claro todo esto, ¿cómo se empieza a trabajar el programa?

Una de las primeras cosas que se hizo fue separar el proyecto en distintas cajas, porque primero se trataba de ordenar los contenidos. El programa que teníamos ya nos empezaba a dar una organización interesante. En este sentido, la forma de organizarlo era importante, tú puedes ir a un concierto en la sala principal, pero además puedes contar con un espacio de eventos donde puedes hacer proyecciones de lo que sucede en la sala o que sirva para otros tipos de presentaciones, sean o no independientes de la principal. Se trataba de partir de que la sala de conciertos es para la Filarmónica, pero queríamos que el Foro fuera un recinto cultural, que pasaran otras muchas cosas: teatro, dj’s, presentaciones… Así, y ya hacia al exterior se empezaba a acomodar un proyecto en el que, incluso la entrada de detrás, donde descargan los camiones, ya no aparece como “la parte de atrás” sino que se trata igual que el resto, transformando la acción del camión que llega y deja el equipo en otro espectáculo. Para ello, la calle, que era ancha, se reduce y se extiende la plaza de forma que crece el espacio público y se produce un espacio de desahogo.

Fotografía: Pedro Hernández Martínez

 

De algún modo, revisando la planta, uno puede ver todo lo que comentas: cómo de la caja escénica orbitan el resto de espacios y programas, cómo las nuevas plazas que aparecen alrededor y conectan —o aspiran a conectar en el futuro— distintos espacios y nodos urbanos. Uno puede intuir eso: que ampliar la idea de la caja escénica es el inicio de todo lo comentas, de la regeneración litoral. Al mismo tiempo, se puede reconocer muy claramente la geometría de la sala de conciertos, que divide, además, dos zonas, una de acceso más público y una más privada, con geometrías diferenciadas. ¿Cómo funciona el proyecto espacialmente?

Se trata de no darlo todo de una vez, sino de ir generando sorpresas. El acceso principal se produce por debajo de un enorme volado, que te recibe y bajo el cual te sientes protegido. Ese espacio primero te hace una compresión, reduciendo su altura a 2.30 metros, tras esa compresión se abre un espacio de doble y triple altura que tiene una organización que busca dinamismo y movimiento —el de la música, el del mar—, proponiendo un lugar donde puedan producirse vistas diagonales, cruzadas, en los que siempre puedas ver gente moviéndose, reunida o participando en actividades.

Plantas. © Rojkind Arquitectos

 

Ahí ya encuentras parte del programa: taquilla, guardarropas, elevador, una tienda de libros, una cafetería que abre al exterior pero protegida del norte, los baños, terrazas con vistas al mar y dos acceso a la sala. También hay un espacio que, para mí, es bastante interesante y que hay que aprovechar: es un pequeño anfiteatro que buscar permitir que pueda pasar algo ahí antes de un concierto, así como presentaciones o lecturas. Es un espacio a doble altura y luz cenital. Se empieza así a crear un lugar que, porque existe eso, pueden pasar otras cosas al mismo tiempo.

Fotografía: Pedro Hernández Martínez

 

Fotografía © Jaime Navarro. Cortesía Rojkind Arquitectos

 

La posición de las escaleras permite evitar secuencias aburridas. Era importante disfrutar desde el principio, desde el acceso. En este tipo de lugares, ver y que te vean es importante. Lo que tratábamos de hacer era producir unas secuencias en las que se siempre se pudiera ver alguien subiendo o bajando, en la parte de abajo, en la parte de arriba, y empiezan a pasar cosas alrededor, se establece cierto movimiento, de forma que el espacio no es nada estático, donde la gente viene y va. Por la cantidad de programa, cuando dispersas a la gente, lo importante es tener espacios en los que puedan distribuirse. Lo importante era generar un espacio de usos múltiples, con cosas como presentaciones de libros, proyecciones o exposiciones. En la propuesta hay lugares que funciona muy bien para eso.

Y permites otro tipo de usos, más allá de la música.

Con todo este tema de flexibilidad, haces posible concentrar otras actividades como ferias, festivales, o proyecciones en la fachada. A partir del Foro Boca, que esta diseñado para la casa filarmónica, se crea un espacio multicultural. Se trata de poder activar a partir de un programa. Por ejemplo, nos parece que la gente que va a la playa u otras muchas personas que no necesariamente van a interactuar con la filarmónica, puedan beneficiarse del proyecto y de la zona.

Pero el proyecto tiene también un programa más privado.

Sí. En la parte de atrás, están los camerinos, montacargas, vestidores, zonas de ensayos y grabación; en la parte de arriba tienes las oficinas, la biblioteca, la sala del director; lugares que sólo se abren hacia arriba a través de unos patios. Se trata de que ese espacio sea muy agradable porque son lugares que se usan durante todo el día.

Fotografía: Pedro Hernández Martínez

 

Sección. © Rojkind Arquitectos

 

Fotografía: Pedro Hernández Martínez

 

Y ya la sala de conciertos.

En medio queda la caja escénica. Siempre tratamos de mantener la caja suelta. Se trataba de establecer un homenaje a la sala de conciertos, que ocupara un lugar central: una caja dentro de la caja. Para su definición, se estudiaron varias tipologías: centrales, de viñedo y demás, hasta llegar al actual, que es el optimo, porque había que poder sentar a gente detrás de la orquesta y, después, poder quitar las butacas e introducir un coro u otros instrumentos. Permite jugar.

Fotografía © Jaime Navarro. Cortesía Rojkind Arquitectos

 

Como parte de ese juego, en la sala de conciertos rompimos el mezzanine. Fue una lata porque nadie rompe uno. Son los asientos más costosos, pero yo quería que las personas que estén en el escenario se quedaran con algo que les recordara haber estado en el Foro Boca. Además, como todo se trataba de cajas y elementos, sigue la misma lógica. Además, cuando te sientas en él, ya no hay tanta gente y te sientes más exclusivo.

Fotografía © Rojkind Arquitectos

 

Comentabas que la geometría se basa en la escollera. A pesar de que la caja escénica tiene cierto tamaño, ésta no es visible como tal desde el exterior, sino que el cuerpo se fragmenta en distintos volúmenes, lo que permite cierto control de la escala en relación a la ciudad, que aún no está siquiera construida. De esta forma el proyecto aparece como un antecedente de lo que puede pasar después.

Éste es el proyecto del que más maquetas hemos hecho, con más explicaciones de geometrías, de organización o de texturas. Cuando el proyecto se pensaba como un único sólido, sin entender lo que iba a ser el entorno, ya lo considerábamos muy pesado. Era necesario fragmentarlo, reducir su escala tanto hacia la playa, la escollera o lo que viniera en el futuro para la ciudad. Fue entonces cuando se generaron las entrecalles, que consideramos fundamentales para que la imagen del proyecto se aligerara. Esas entrecalles permiten dar soltura al proyecto, volverlo a escalar y hacerlo una cosa más íntima a los diferentes lugares. Así, la boca —el acceso— se comprime, la terraza queda más agradable, al ser un elemento más pequeño, con vistas a la escollera. Y lo que es interesante es el juego de la luz con los diferentes volúmenes.

Fotografía © Jaime Navarro. Cortesía Rojkind Arquitectos

 

Fachadas. © Rojkind Arquitectos

 

Fotografía: Pedro Hernández Martínez

 

Desde el interior, el volumen es bastante hermético.

Una de las preguntas recurrentes era la de porqué no pusieron más ventanas con vistas al mar. Primero porque ya tienes siempre la vista al mar. Además, con los vientos del norte, no sólo generaría problemas de efecto invernadero, sino además un proceso más costoso de mantenimiento. Por eso es un elemento de concreto muy cerrado. Se trata de ir encontrando pequeñas entradas de luz difusa, cenital. Todo el espacio queda iluminado de forma indirecta.

Fotografía © Jaime Navarro. Cortesía Rojkind Arquitectos

 

Hay mucho trabajo también de la propia textura…

No queríamos que fuera una textura lisa y muy premeditada. Si hay textura, el envejecimiento es más evidente y queríamos que se sintiera. A diferencia de esos proyectos que quieres limpiar todo el día, aquí, lo quieres es que agarre una pátina del tiempo. Por ejemplo, si ves la fachada a norte, donde da el viento, está más manchada de arena, todo el tiempo tiene arena. Y lo más bonito de todo es que los colores ligeramente irregulares en las caras, empezaron a funcionar a favor del proyecto.

En esa línea, se decidió deliberadamente que cada cara tuviera una dirección totalmente diferente. No hay relación entre las caras. Conociendo los sistemas constructivos en México, si hacíamos toda la cimbra en horizontal, por los desfases de los volúmenes hubiera sido un desastre. Cuando lo haces a propósito, funciona bastante mejor.

Fotografía © Rojkind Arquitectos (vía Instagram)

 

¿Cómo se optó por ese diseño de textura?

Pasamos por diferentes texturas, tamaños, grosores; trabajamos con muchas maquetas. Y luego estaba el tema de la escala. Son tablones de 40 cm, encontramos que crean una relación muy interesante con la gente, pero también buenísima con la ciudad, con las plazas.

Fotografía © Rojkind Arquitectos (vía Instagram)

 

Fotografía: Pedro Hernández Martínez

 

Lo que vuelve de nuevo al tema de la importancia de la ciudad en el proyecto.

Cuando arranca la alcaldía, se empieza a arreglar. Son unos 4 km donde arreglaron los juegos de máquinas de ejercicio, el mobiliario, las luminarias. La gente se quejó cuando se redujeron los carriles de coches para dejar más este espacio de bicicleta y peatones. La lógica de la ciudad se fue extendiendo hasta llegar acá. Por eso, las plazas han sido igual de importantes que lo que pasa adentro, estos espacios tienen que tener un papel destacado, y permitir que la persona que no pueda comprar un boleto pueda disfrutar el lugar igual que el que sí.

A nivel urbano, ¿te invita a estar, a acercarte?

Sí. El diseño de las plazas da una relación muy interesante: hay elementos que salen, remetidos, de pronto encuentras vegetación,… también son muy importantes las entradas. En los accesos, un elemento de de placa oxidada suelta mucho los volúmenes, se aligeran. Y es muy bueno también para la plaza, te sientes muy a gusto; no te sientes invadido.

Fotografía: Pedro Hernández Martínez

 

¿Recuerdas la parte de atrás que te comenté? ¿Quién se atreve en la plaza pública a meter al camión de descarga? Pero es que si lo poníamos en una parte escondida, era como negar o darle la espalda a algo y no queríamos que hubiera espalda de nada. Finalmente, el camión viene una vez en la mañana a descargar el equipo y se va. Entonces todo esto juega un nivel importante en la plaza urbana para aprovecharse, y que luego puede utilizarse para otra cosa.

Y ampliar la experiencia del proyecto. Al final, no deja de ser una primera piedra para arrancar mucho más allá.

Es curioso porque de pronto las personas creen que un proyecto social, debe ser 100% social, de ir a una comunidad. Pero proyectos así también son sociales. Pueden tener un impacto hacia afuera y conectar ciertas partes. Por eso esa parte de si aporta o no a la ciudad, de si tiene un valor agregado o no. Tendríamos que estar empujando a que todos los proyectos tuvieran una injerencia hacia el exterior.

Fotografía: Pedro Hernández Martínez

 

 

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